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                |  " Y después de que el Señor me hubo dado hermanos, nadie me mostraba lo que debÃa hacer, pero el mismo Altisimo, me mostró que debÃa vivir según la forma del Santo Evangelio " (Testamento de San Francisco de Asis, 14). |


    





| Proviniendo de 7 congregaciones franciscanas, fundamos en 2005 un nuevo Instituto franciscano, el de las Hermanas de San Francisco de Asis.  Pertenecemos a la familia fundada por San Francisco y Santa Clara de Asis. En una fidelidad creadora, queremos inventar, para hoy, en la diversidad de los paÃses y de las culturas, una nueva manera de vivir lo mejor de nuestra herencia franciscana. Nuestra vida franciscana consiste en: - observar el santo evangelio y seguir las huellas de Cristo que da su vida para la vida del mundo - en "menores"  - en una vida de fraternidad  Somos hermanas, vivimos en fraternidad, rezamos juntas e individualmente. Vivimos en un hogar común, juntas compartimos la comida y nuestro tiempo, ayudándonos mutuamente a crecer, como en una familia. Nuestras comunidades, que llamamos fraternidades, son lugares de alegrÃa y de hospitalidad Somos una fraternidad que quiere vivir el Evangelio. Jesús de Nazareth es nuestro guÃa. Es nuestro Hermano y nos redice sin cesar el Amor que el Padre nos tiene y nos invita a alabanza. Nos llama a una vida sencilla y humilde en medio de la gente. La vida de Cristo, la Biblia, San Francisco y sus escritos son la fuente misma de nuestra inspiración.  Estamos unidas al Señor para ser enviadas y convertirnos, para nuestros hermanos, en cara humana y fraternal de la ternura de Dios, para demostrar que es posible vivir como hermanos con todos. Somos enviadas por Dios para anunciar el Evangelio, particularmente a los mas pequeños, los pobres y los que sufren, en "hermanas", por la presencia o el servicio, para anunciarles - en palabra y en actos - que son queridos por Dios. Siguiendo a Cristo humilde y servidor, que se rebajó hasta lavar los pies de sus discÃpulos, queremos vivir en menores en cada encuentro, sin otro poder que el de servir sin dominar, el de amar sin excluir.  |
Después de un tiempo de iniciación y de formación, nos comprometemos a vivir, para siempre, en la vida religiosa franciscana haciendo votos de pobreza, castidad y obediencia.   Hacer voto de pobreza, es reconocer que todo lo que tenemos, todo lo que somos viene de Dios y pertenece sólo a Dios. Es aceptar despojarnos para ser hermana de todos, es saber hacer parte de nuestras necesidades y abrirnos a los demás. Es devolver a los bienes terrestres, su verdadero  sentido: su destino es para beneficio de todos, en el reparto y el intercambio. Hacer voto de castidad, es vivir en el celibato, guardando un corazón libre para amar a Dios y al prójimo, poniendo todas nuestras fuerzas disponibles para el servicio de la caridad y de la misión universal de la Iglesia.  Hacer voto de obediencia, es buscar juntas la voluntad de Dios y cumplirla. Esto nos conduce a una entrega total de nosotras mismas en la confianza, la escucha, el diálogo.Â
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